[Con intención de reactivar la economía y la marca España andamos en reformas. Disculpen si le desahuciamos, expropiamos o simplemente le jodemos. Mientras seguiremos hablando..]
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31.12.12

El año en que nos humillaron.


Cierre, fin de fiesta, y atracón familiar con o sin purga. Haga lo que haga usted esta noche tendrá un punto más en unas cuantas clasificaciones DSM, así que deje su rencor fluir, va a acabar contenido de todas formas. Como en MédicoCiático somos una gran familia (que haría las delicias de un genetista) no nos resistimos a nuestro post repasando 2012 y abusando de la anáfora. 

Termina el año en el que ir a una manifestación dejó de ser algo que hacer sin miedo ["siempre y cuando no te acerques a los anarcas". en verdad siempre supimos que aquello era mentira, que los disturbios los iniciaban sus supuestos evitadores, pero una cosa es verlo y otra protagonizarlo. Y en base a esta diferencia es como los poderosos nos han dominado, pero eso es otra historia y debe ser contada en otro post]. El año en que aprendimos que si uno quiere mejorar su salud cardiovascular lo mejor que puede hacer es tratar de rodear el congreso, y verá como aprende a esprintar. El año en que nos aterrorizamos corriendo (y saltando) delante de unos funcionarios alienados y fuera de sí, que, [quiero pensar que para el horror de sus propios compañeros], hirieron sin importar qué, cómo, dónde, o cuándo. El año en que un compañero nos arrancó un ojo, aunque nosotros también fuéramos compañeros, coño. Los mineros, los sanitarios, los docentes, los estafados, todos. El año en que llegamos a una urgencia y oímos “hay una mujer de 50 años en la UCI, de la misma carga de la que venís vosotros” y pensamos “esto no puede quedar así” y quedó así. El año en que nos apalearon y se rieron. 

El año en que confirmamos aquello que creímos siempre, que esos simpáticos y centristas políticos peperos, al margen de su carisma y propensión a colaborar con programas de humor, eran arietes ideológicos de extrema derecha, que sólo estaban esperando su momento para atenazar y dominar, para mandarnos a los ciudadanos a fregar a la cocina, de donde nunca debimos salir. Gallardón I el buenrollero se ha desvelado como es, un ser tan arraigadamente misógino que ha convertido a toda la ciudadanía en una mujer de los años 40. Y yo que creía que en MédicoCárpato éramos situacionistas, alucina con éste.

El año en que en la consulta observamos cómo la pobreza y el descendedor social enloquecen y enferman a la gente. El año en el que hicimos lo que pudimos para paliarlo (eso los que teníamos trabajo), mientras a nuestros equipos los mordían y mutilaban. Obligando a profesionales cuyo trabajo es eminentemente longitudinal a funcionar sin saber si dentro de tres días seguirá trabajando o estará en la calle, como tantos otros. “Continuidad de cuidados eventual”, oxímoron estatutario, Carroll wins. El año en el que las gerencias contestaron con “eso no importa” a nuestras demandas. Y nos quedamos con cara de tontos pensando en cómo hacérselo saber a los ciudadanos, sorteando las simplezas y mordazas de la prensa, neutralizando la corrosión de la neolengua que nos vuelve imbéciles.

El año en que volvimos a acordarnos de que, aunque cuando gobiernan los malos lo parece, no son iguales, aunque sólo lo recordemos cuando gobiernan los peores (digamos al menos que con los malos hay trazas de libertad de prensa). El año en que todo se volvió tan casposamente noventero que El vals del obrero, de Ska-p, parece que está siendo grabado a la vez que este post (bueno, en verdad ya no se habla tanto de Jesulín. Eso que hemos ganado).

El año exasperante.

El año en que acudimos a Sol, al cumpleaños del 15M y constatamos desolados que por mucha gente que hubiera la revolución ya no estaba allí. Lo sabíamos porque en algún momento la sentimos. Una sensación de estremecimiento y nerviosismo, en la que cristalizaba el “puede que esta vez sea distinto”, que nos encendió y que aún recordamos. La recordamos suficiente como para constatar que allí no estaba.

Pero también el año que los sanitarios paramos nuestras guerras pokémon para poder pelear juntos. El año que vimos que aunque no habíamos sabido explicarlo, los ciudadanos habían entendido. El año en que pusimos nervioso al poder y a sus parásitos. El año en el que la revolución no estaba en un aniversario porque nos la habíamos llevado a trocitos a nuestros trabajos, a nuestros barrios, a nuestras casas.

También es el año en que acabó el caso 4F. O lo que quedaba de ellos. De Roberto Sánchez aprendimos que al final siempre se llega. Que cuesta el doble pero se llega, y en 2012 no quedó otra que confiar en ello. El año en que fuimos filtrando la rabia y la frustración hasta volvernos incombustibles. 

Feliz 1984, año por excelencia de la distopía. Aunque a los que nacimos en ídem, quizá nos es más fácil entender que una cosa es lo que pretende el poder, y otra cosa es lo que vamos a hacer nosotros.

Feliz también 2013, año de su mala suerte. 


13.4.12

Politología en la consulta

La sabiduría, así como la soberanía, reside en el pueblo, y las consultas de un médico (de los que hablan con el paciente, especialmente) son una muestra relativamente representativa de qué es el pueblo (aunque más lo sería una frutería o una droguería -de los dos tipos de droguería hablo-). Una muestra de ello es que las frases que ahora repiten los políticos se pueden escuchar con frecuencia en una consulta cualquiera:

Si es que he estado viviendo por encima de mis posibilidades dijo Braulia mientras se sostenía, mano derecha en bastón mano izquierda en mi mesa. Todas las navidades comiendo lo que he querido y ahora me sobran tantos kilos que no hay quien eche a andar este cuerpo.

Tranquila, Braulia, esto se pasa con un poquito de austeridad alimentaria.


La culpa de todo esto la tiene la herencia recibida decía José, un carpintero de 45 años que hace unos meses comenzó a tener movimientos espasmódicos involuntarios en las manos; el mismo José cuyo padre, también José (¿cómo si no?) murió hace unos años por una enfermeda llamada Corea de Huntington

En su caso tiene razón, José, la culpa es de la herencia recibida... aunque no siempre es todo así, hay veces que el código postal influye más en tu salud que el código genético.


He hecho algunas reformas en lo que teníamos hasta ahora, dijo Antonio cuando vimos las úlceras de su pie (diabético).

No, Antonio, no se llaman reformas, lo que usted ha hecho ha sido recortar el 100% del tratamiento y no ponerse la insulina ni hacer dieta/ejercicio.


Venga, doctor, si sólo es un recargo temporal de solidaridad,comentaba con risa nerviosa el Jonathan, mientras en la mano me daba la tarjeta sanitaria para que le cargara nuevamente el tranki(mazin) para poder ir a la farmacia a recogerlo.

No, Jonathan, venderlos en el parque no se llama solidaridad, sino trapicheo.


Aún no tuve ningún paciente que me dijera nada sobre un gravamen de activos ocultos... pero ya nada me sorprendería...

21.3.12

Profecías autocumplidas vol. 7, cap. 849 (no, aún no es un post sobre la huelga)

De los creadores de “el mundo debería estar llevado quinceañeros (todo funcionaría igual de mal pero estomagaría menos)” y “me temo que he visto demasiadas veces el vídeo de Loewe” llega: “a ver si porque paulo coelho exista no nos vamos a poner a veces sensibleros los demás”.


En las calendas de algún mes del invierno (nuclear) de 2005, enero, febrero, o alguna obscenidad fría por el estilo cayó nieve iterativa y perseverante (cual retrasado mental) hasta densocuajar y parecer por un segundo que de verdad estábamos en un país europeo.

Al llegar a la sacrosanta Facultad de Medicina de la UAM (arrodíllense) generatriz de ambivalencia afectiva do las haya, amén de constatar que esa ¿leyenda urbana? de que la estructura es una copia de una cárcel finlandesa podría tener cierta base real; un sector de subnormales decidimos quedarnos jugando con la nieve. A costa, de hecho, de una falta en anatomía II con lo que ello implicaba (si no lo sabes, alégrate). Total, para otro día anodino más, por qué no jugar a niño soriano de la posguerra (bueno, con pantalón largo).

En algún momento, víctimas de un arranque de ramanujínea originalidad los 5 ó 6 pazguatos sorianos decidimos hacer, sí, agárrense al teclado, va a sorprenderles, un muñeco de nieve. Quedó medianamente aparente y con ánimo expansivo (cual reclutas maniformes camino del prostíbulo de área) decidimos bajarlo en parihuelas al aulario.

Abrimos la entrada delantera de la clase de primero, donde una humanoide de laboratorio trataba de contar algo de unas proteínas; empujamos nuestra escultura y vociferamos desde atrás “¡saluden al erasmus finlandés!”. Los cientoypico asistentes interrumpieron la clase, vitorearon y aplaudieron con beneplácito de la bioquímica docente que les llamó al orden mientras carcajeaba franca, durante los no llega a treinta segundos que dejamos dentro al gélido monumento a la originalidad. Lo sacamos, dejamos que la clase siguiera y nos largamos con, insisto, menos de un minuto de retraso y franco mejor humor en los asistentes (dígame usted, láminas beta o un muñeco de nieve. Tic-tac tic-rm).

Ufanos y alcanzando la manía psicótica nos lanzamos a la clase de tercero (los pobres desgraciados de segundo estaban en un sótano, rodeados de cadáveres como todas las mañanas de aquel año) y empujamos al ya algo húmedo muñecajo al aula, de nuevo por la puerta delantera. Me asomé más que en la ocasión anterior y pude comprobar como el profesor, de anatomía patológica para más señas (humor y diversión a raudales, sí), lanzaba una mirada displicentérrima mientras seguía leyendo el powerpoint sin inmutarse. Persistió el silencio sepulcral en el aula y sólo alcancé a ver a un tipo en la primera fila (uno que era un gilipollas, encima) esbozar media sonrisa mientras seguía copiando apuntes.

Ríete tú de olanzapinazos para bajar manías. Con chafamiento nivel “yo creía en los reyes magos y en 2004 voté a zapatero” observamos la cristalizatio de lo que hacen dos años de FM-UAM con el humor de los rebaños.

Hoy licuonevaba en el camino a Leganés y recordé esta historia. Decidí contarla porque me hallo en una fase marengo-laboral en la que cualquier otro intento de escribir se me atasca en los dedos y convierte en padrastro (y mira, no, que una es una señorita). Al redactarla sin embargo no he podido evitar pensar que meter bolas de nieve apiladas con bufanda en un aula es una memez. Y sin embargo recuerdo que me hacía gracia, y, por si lo fueran a atribuir a la edad, había gente en aquella escena bastante mayor de lo que soy ahora que también se rió y pudo sacarse por unos segundos el palo del culo. Et pourtant.

Supongo que, al final, el sistema siempre gana.