Sí, sí, como lo oyes. Le psiquiatra de guardia al aparato, quien procede a contaros que, por mucho sambenito de magufería que le queráis poner, el reiki nos tofa. A saco.
Y es que a cualquiera que esté en su sano juicio le seduce la idea de encerrarse con un reiki-terapeuta si cumple el indispensable requisito de parecerse a estos que pueden verse en el gráfico.
| Tabla 1 |
| Tabla 2 |
Una habitación en penumbra, cualquiera de estos dos jambos rascándonos el lomo, dejarse hacer ronroneando mientras una se repite jaculatorias del tipo “No me preocupo”, “No me irrito” o “La culpa es del jefe”...
Digáis lo que digáis, malditos escépticos, es un Planazo. Y ya si acabas follando ni te cuento.
Lo que en MédicoCirrótico no entendemos muy bien es lo de llamarlo “Reiki”, cuando esto es más viejo que el mear y de toda la vida se le ha llamado “petting” en la Superpop y “catequesis con el padre Manuel que es tan cariñoso” en otros ámbitos; generando hordas de adeptos a distintas confederaciones.
Ya entendemos mucho menos que haya gente que pague por esto y menos aún que se destine espacio público a estos menesteres. A quien argumentara o argumentase que resultan efectivos y los pacientes lo agradecen, en MédicoCímbrico comentaremos que sí, que hay ríos de tinta describiendo cómo los pacientes se benefician de que les hagan caso y de que se pase tiempo con ellos, sin necesidad de echar purpurina, encender incienso y alimentar fantasías de curación que se nutren de la esperanza-sin-capacidad-de-crítica de algunos de los que ven a la Parca cerca.
Sobre todo porque, por mucho que haya unos cuantos que lo hacen con su mejor intención, toda esa fantasía colectiva se ceba y engorda para que algunos ganen dinero.
Y en MédicoCríspulo eso no puede darnos más por el culo.
Aunque bueno, a mí si me hace reiki Asia Argento, me dejo, no sé cómo decirte.