[Con intención de reactivar la economía y la marca España andamos en reformas. Disculpen si le desahuciamos, expropiamos o simplemente le jodemos. Mientras seguiremos hablando..]

4.10.16

¿Quién lucha qué? ¿quién lucha cuándo?

En uno de esos momentos en el que las órbitas inician las maniobras de cuerpo extraño hacia el globo ocular, alguien comentó ayer que en su servicio las guardias ya no se libran.
Nuevos tiempos que recuerdan a viejos tiempos. El eterno retorno, dijo él. Los adjuntos han considerado que entre (¿entre es siempre adverbio entre varios?) las estrategias para ofrecer una formación de calidad a los residentes, está la invitación a prolongar la jornada laboral más allá de las 24 horas.
Si las discusiones se tejen sobre estructuras poliédricas (con alturas, volúmenes y caras distintas), no es mi intención desarrollar la legitimidad, o su ausencia, de lo que refrenda la ley. Las legitimidades y las leyes son constructos, no lógicas.

Y quizá es interesante estirarle las manecillas a esta lógica con la nos tapizamos cada día.
Por un lado, el flujo de las invitaciones. Los hospitales, la dinámica de residencia, los entornos laborales o la vida misma no son escenarios de suma cero de poder. Las relaciones de asimetría (por edad, clase, responsabilidades, género...) operan entre nosotros. Y más acá de transformarlas o no, está el identificarlas, el reconocerlas, y el generar medidas que minimicen su impacto. La asimetría de poder para consensuar o forzar acuerdos (que no es lo mismo, aunque a veces resulten en la misma estación), conviven con nosotros. Como lo hacen la posibilidad de sesgos o la corrupción. La naturaleza o la normalidad, no justifican la norma.
Por otro lado, la capacidad de aceptación a veces, de sumisión muchas. En estructuras, entendidas como dinámicas que tienden a generar sistemas de ideas y relaciones, en las que somos capaces de reconocer elementos que ocasionan malestares, injusticia o incluso,  jugando al productivismo, ineficiencias; en las que seríamos capaces de pensar, compartir o probar alternativas, los grilletes tienen la textura de la aversión a la pérdida.
Hoy, no libramos las guardias. Mañana, son irregularidades vergonzosas en un contrato como adjunto. A mi no-entender, no es quien está en una situación de vulnerabilidad el sujeto al que pedirle arrojo para que haga crujir todos sus huesos contra nuestro muros (invisibles). Los demás, los que a veces estamos frágiles y otras veces más enraizados, estamos llamados a la exposición y al acompañamiento. Y a ir dejando a un lado está combinación de responsabilidad y culpabilidad.
El domingo, las señoras que esperaban impacientemente en la cola (¿hay otra manera de esperar en una cola?) de la panadería preguntaron al empleado dónde estaban sus compañeras.
- Una está de libranza, a la otra le han echado. Les tocaba ofrecerle un contrato indefinido. Le han despedido unos meses, creemos que después volverá.
- Al menos estará cobrando el paro ¿no? - preguntó otra de las impacientes.

Al menos estará cobrando el paro.
Los ecos.
De lo que somos.
De lo que decimos.
Y sobre todo, de lo que callamos.