[Con intención de reactivar la economía y la marca España andamos en reformas. Disculpen si le desahuciamos, expropiamos o simplemente le jodemos. Mientras seguiremos hablando..]

18.12.10

Ven y sígueme

(Agria canción de triste noche de guardia. O no.)

Antígona está sentada en la cama, casi a oscuras. Ésta es la noche en que Antígona se va a morir. Del otro lado del ventanuco de la celda seis personas discuten si merece la pena salvarla o no. Les mira aterrorizada, implorando. Antígona quiere vivir, quiere vivir a toda costa, y ellos no lo saben, no se lo creen. Van a dejar que se muera hoy, sin que ella pueda hacer nada. Llora en silencio para no hacer ruido, para no molestar mientras deliberan. Alguien la ve a través del cristal e irrumpe en su cuarto. Le pregunta qué le pasa. Antígona no quiere enfadarla, no quiere que la abandonen a su suerte, sólo quiere vivir. Y lo repite una y otra vez, muy bajito, mientras intenta no llorar. Vienen más. Le dicen que esa noche no harán nada, que no la van a salvar. Le explican, mirándola muy fijamente, que esta noche no se muere, que lo que le pasa ahora se le va a quitar. Se lo aseguran. Que lo que le pasa es otra cosa diferente, que su cabeza confunde lo que es real y lo que no. Que la están cuidando, que nada malo puede sucederle estando ahí. Pero Antígona sabe que se está muriendo, y que ellos no terminan de entender que quiere vivir. Quiere vivir, de verdad, quiere vivir. Se sientan al borde de su cama, la cogen de la mano, hablan con ella con voz grave y lenta, tratan de tranquilizarla. Pero el tiempo corre y ella se está muriendo y no están haciendo nada. Hablan, hablan. Le ofrecen una pastilla para que duerma. Pero ella no quiere dormirse todavía, porque si se duerme ya no se va a levantar. Ésta es la noche en que Antígona se muere y nadie hace nada. Sólo la miran, le hablan, la abrazan. Son simpáticas, se preocupan por ella. Pero no la van a salvar. Le dan la pastilla y ella se la toma y les da las gracias, llorando. Va a morirse hoy, pero al menos se muere tranquila.

Un señor llamado Jaspers sentenció que hay cosas que los humanos pueden comprender, y hay otras más allá que sólo pueden explicar. Que no hay nada en tu memoria, en tu experiencia y en tu mente que te deje comprender algunos infiernos.

2 comentarios:

Rebeketa dijo...

Primero felicitarte por la entrada. Y en segundo lugar, unirme a tu reflexión. A veces escucho las historias de mis pacientes y pienso en que la mayoría podrían ser transformadas en cualquier relato ficticio, algunos, verdaderamente terroríficos. Preguntamos el porqué de las cosas y todo no dejan de ser teorías. Teorías... fascinantes, pero que te parten el alma ante un paciente como el que tu has descrito.
Como bien dices al final, hay infiernos que nuestra mente no puede comprender... aunque quiera.

Mis felicitaciones sinceras

Rebeca

Julia dijo...

Por casualidad he terminado en tu blog y he leído esta entrada, te felicito, me he quedado de piedra al recordar tantas situaciones, tanto profesionales como personales (en este caso menos) en las que se ha producido esta situación. Actuamos "acompañando" en el final de la vida sin plantearnos estas cuestiones