[Con intención de reactivar la economía y la marca España andamos en reformas. Disculpen si le desahuciamos, expropiamos o simplemente le jodemos. Mientras seguiremos hablando..]

28.5.14

"Los autores declaran no tener ningún conflicto de interés" (risas)

Viñeta de El Roto.

Ayer Vicente Baos publicó un post titulado "No iré a un congreso que...", donde afirma que no irá a ningún congreso científico en el que se de voz a postulados pseudocientíficos -ya vengan de la mano de la homeopatía o de la medicina "convencional" de Bioibérica-. Este post de Vicente nos sirve para comentar algunas cosas que vinieron a nuestra cabeza al ver el otro día la viñeta de El Roto que encabeza este post.

Las sociedades científicas y los científicos sin sociedades han tenido históricamente relaciones con distintos tipos de industrias, bien sea para que les financien investigaciones o para que les subvencionen actos de confraternización científica (¿?) como los congresos de dichas sociedades. Mantener la independencia entre el pagador y el contenido de los eventos/discursos/textos/etc siempre ha sido el caballo de batalla de muchos interesados en este tema.

Un par de ejemplos interesantes acerca de los conflictos de intereses que surgen en la intersección entre lo comercial y lo científico son los siguientes:

- Ruano A. El conflicto de interés económico de las asociaciones profesionales sanitarias con la industria sanitaria. SESPAS 2011. [enlace al texto completo]. Algunas de las conclusiones a las que llega este documento son:

  1. "Sería deseable que las Asociaciones Profesionales (AAPP) sanitarias españolas iniciasen un proceso de reflexión sobre sus relaciones con la industria sanitaria. Es lícito que estas relaciones existan, pero no es lógico que las AAPP sanitarias sean parte inconsciente de la estrategia de marketing de la industria. La base de estas relaciones deben ser la transparencia, la independencia y la proporcionalidad". 
  2. "Dichas declaraciones deberían de ser públicas y de fácil localización en las páginas web de las AAPP sanitarias. Las AAPP no están en posición de exigir transparencia a otras organizaciones si ellas mismas no son transparentes. La puesta en vigor de políticas transparentes colocaría a las AAPP sanitarias en una posición de preeminencia ética frente a la industria y a las administraciones públicas."
  3. "Como se ha puesto de manifiesto, en otros países existe una preocupación creciente por el conflicto de intereses entre la industria y el mundo sanitario, hasta el punto de comenzar a legislar para regularlos. Las AAPP son una pieza clave en el ámbito sanitario, por su liderazgo, independencia y credibilidad. Para preservar estas virtudes es clave que redefinan sus relaciones con la industria a través de un marco regulador. Si no lo hacen, su credibilidad puede verse paulatinamente reducida. mirar a otro lado ante este problema puede convertirse en un lujo que la sociedad y las propias AAPP sanitarias no se pueden permitir."
- Escuela Andaluza de Salud Pública. Marco ético de las relaciones institucionales de la Escuela Andaluza de Salud Pública y sus trabajadores y trabajadoras con las empresas farmacéuticas, de tecnologías sanitarias o con sus fundaciones. 2013. [enlace al texto completo]. En este texto se analizan las relaciones entre una institución pública (la EASP) y las industrias de distinto tipo, así como entre los trabajadores de la EASP y dichas industrias. Un punto de este documento que nos ha llamado la atención es el que dice 
"El trabajador o trabajadora que participe en este tipo de actividades lo hará siempre a título privado y en ningún momento en representación de la EASP. Está éticamente obligado a aclarar públicamente este extremo siempre que su participación pudiera llevar a confusiones de otras personas sobre esta cuestión. "

A diferencia de lo que suele ocurrir en muchas sociedades científicas y colectivos profesionales, en ese documento de hace hincapié en la individualidad de la participación en cuestión.

A estos dos documentos podríamos añadir alguno de índole legal, pero para eso no hay más que acudir el texto que publicaron los compañeros de Postpsiquiatría titulado "Límites legales en la relación entre el profesional sanitario privado y público y la industria farmacéutica".

Pero... más allá de estos documentos, ¿de qué manera lidiamos con los conflictos de interés en la vida diaria académico-científica? Pues los declaramos en un folio y seguimos actuando como si no influyeran de nada.

Hace unas semanas leíamos el artículo titulado "Calendario de vacunaciones de la Asociación Espanola de Pediatría: recomendaciones 2014", publicado en la revista Anales de Pediatría; en él unos cuantos miembros del Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría (sí, la de las galletas dinosaurio y la del apartado web para inscripciones industriales a congresos) explican la propuesta de calendario vacunal de la AEP -un calendario de máximos, sin tener en cuenta criterios de gestión de recursos, como siempre-. Al terminar el documento uno va a ver la declaración de conflicto de intereses y se encuentra con que ocupa medio folio a dos columnas y muestra unas relaciones con la industria como las que se señalan a continuación:

 Autor
Docencia
Investigación
Comité Asesor
Ninguno
1




2




3




4




5




6




7




8




9




10




11





Sorprende ver cómo el 44% (5/11) de los autores no limitan su relación a actividades formativas  o de investigación, sino que mantienen relaciones de integración en comités asesores de empresas farmacéuticas que comercializan vacunas. En el análisis individual está claro que puede aceptarse como poco relevante, pero el hecho de que sea una práctica generalizada invita a pensar que tal vez existan muchos conflictos de intereses pero muy poco interés en dichos conflictos y en limitar su potencial efecto modificador de las recomendaciones científicas.

Otro de los ejemplos más sonados de nuestro castizo contexto ha sido el sucedido a raíz de la publicación, en la revista Atención Primaria, del artículo "Tratamiento del paciente con artrosis", donde cuatro miembros del grupo de trabajo de enfermedades reumáticas de la SEMFyC (esos cuyos eventos patrocina la empresa farmacéutica que mejor parada sale en su artículo) exponen las recomendaciones en el tratamiento de los pacientes con artrosis; ya sabemos que uno de los puntos controvertidos a este nivel es el papel de los SYSADOAs en el tratamiento de la artrosis, medicamentos que en otros países no pasan de la catalogación de complemento nutricional; pues bien, tras leer un alegato en el cuerpo del artículo a favor de los SYSADOAs podemos leer al final lo que se observa en la imagen:

Es decir, señalan con el dedo a quien ha redactado la polémica parte de los SYSADOAs, desmarcándose de dicha responsabilidad, y lo complementan con la coletilla de "Los autores declaran no tener ningún conflicto de interés"... ¿en serio? ¿de verdad quieren que creamos que ninguno de los cuatro autores, miembros de un grupo de trabajo con relaciones más-que-estrechas con la industria farmacéutica no tienen ningún conflicto de interés? En una búsqueda a golpe de Google podemos ver que el autor que redactó el apartado de los SYSADOAs ha participado como ponente en mesas patrocinadas por Amgen-GSK, conferencias patrocinadas por Bioibérica -sí, la farmacéutica de los SYSADOAs- o participa como miembro del comité científico (y autor) de una revista editada -y publicitada y todo- por Bioibérica.

La frase de "Los autores declaran no tener ningún conflicto de interés" ya dejó de tener sentido si además de esa declaración no empezamos a tener más interés por los verdaderos conflictos que esto origina. Llenar las revistas, conferencias,..., de autoridades con estrechos vínculos con las partes interesadas en el mensaje que se lanza (hablamos de la industria farmacéutica pero un apartado merecerían también los vínculos con las administraciones... y otro apartado los vínculos entre la industria farmacéutica y las administraciones) desvirtúa el mensaje y hace que los que nos preguntamos "¿quién paga el micrófono?" no nos creamos nada. ¿Creeríamos el mensaje sobre impacto medioambiental de unas obras si el patrocinador del micrófono que diera voz a un urbanista fuera el dueño de la empresa que va a realizar esas obras? Lo mismo ocurre en sanidad, pero aprovechando el halo de bonhomía inherente al científico.

Y es que 3 años después, seguimos pensando lo mismo que aquello que dijimos en "Relaciones con la industria farmacéutica, ¿se puede estar en la trinchera sin mancharse de barro hasta las rodillas?"