[Con intención de reactivar la economía y la marca España andamos en reformas. Disculpen si le desahuciamos, expropiamos o simplemente le jodemos. Mientras seguiremos hablando..]

16.10.12

De toallas limpias e ignorancias propias

La mayoría de las cosas que te llaman la atención y te ponen nervioso al comenzar a trabajar como médico no te las enseñan (ni siquiera se nombran) en la facultad: las preguntas culinarias de los padres de un bebé que comienza con la alimentación complementaria, las dudas acerca de la evolución de esa enfermedad a la que ni siquiera sabes poner nombre, los líos y relíos burocráticos varios que por desconocimiento acaban ocupando una parte importante de tu mañana, el manejo de los tiempos (propios y ajenos) a la hora de comunicar un fallecimiento a un familiar... todas estas situaciones nadie te las ha explicado pero tienen un factor común que te favorece: se desarrollan en "tu terreno", entre las cuatro paredes de una consulta.

Pero hay un área de (des)conocimiento que las facultades ni siquiera se plantean explorar... el domicilio... toda primera visita a un domicilio (solo o acompañado, pero cuando es solo la incertidumbre es aún mayor) está llena de "cosas que no sé cómo tengo que hacer", y muy pocas de esas cosas se relacionan con la medicina clínica.

¿me siento en ese sofá junto al paciente o pido permiso antes? ¿dejo el cabás en el suelo o encima de la mesa camilla? ¿exploro al paciente rodeado de los X familiares (siendo X un número de 2 cifras en ocasiones) o les pido algo de intimidad?

y la que, para mi, fue la mayor duda de todas: ¿dónde me está llevando la hija del paciente ahora que ya he terminado de explicarle todo?

La respuesta a esta última pregunta era fácil y se acabó convirtiendo en mi parte favorita de cada visita domiciliaria... me mostraba donde estaba el cuarto de baño para que me lavara las manos y me ofrecía una toalla limpia para secarme. El ritual del lavado de manos habitualmente llevado a cabo en la consulta, transferido al domicilio y convertido en un acto de hospitalidad y agradecimiento por el desplazamiento hasta el mismo. 

Evidencia científica sobre los valores sanitarios del lavado de manos hay mucha, sobre lo que no creo que haya tanta es sobre la retroalimentación positiva que le supone a un médico acudir a un domicilio y que le ofrezcan un lavabo y una toalla limpia (en ocasiones, lo único limpio que se puede encontrar en toda la casa) para concluir la visita.

Hay muchas formas de hacer salud comunitaria, y la más sencilla es no renegar de las visitas domiciliarias... en algunos lugares/sectores lo de hacer comunitaria ya se va privatizando [sí, los profesionales de la salud mental también hacen comunitaria]... tal vez un día de estos nos prohíban ir a los domicilios (si no es pasando la tarjeta de crédito con anterioridad).